Una vez cambiada el agua del pajarito, continué mi escalada con la mirada fija en el pajarraco que realmente me interesaba. A pocos metros podía ver la cima: “un esfuerzo más y la moneda de la suerte será mía”, pero justo en ese último impulso, en ese último momento en el que estiraba el brazo para alcanzar el nido, una mano peluda me cogió una pierna impidiéndome cualquier síntoma de progresión. Intenté por todos los medios zafarme del acoso, pero me tenía bien sujeto…





Han dejado: 3 comentarios
21 de marzo de 2008 0:59
22 de marzo de 2008 16:40
Abrazos.
24 de marzo de 2008 22:19
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