Tras la primera puerta reconocí enseguida la figura de Marcel Proust. Decidí preguntarle como ir “en busca del tiempo perdido”, pero parecía absorto en sus profundos pensamientos y no logré sonsacarle ni una palabra. Era perder un tiempo precioso intentando llamar su atención, por lo que pensé que lo mejor sería volver tras mis pasos y probar suerte con las otras dos puertas restantes. Miré por última vez a mi idolatrado de la adolescencia tan prisionero del tiempo como yo.

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Han dejado: 7 comentarios
17 de diciembre de 2007 22:57
18 de diciembre de 2007 0:26
18 de diciembre de 2007 9:14
18 de diciembre de 2007 10:50
18 de diciembre de 2007 13:40
Como no encuentres nada tras las otras puertas te veo dibujando a un oráculo a ver si te responde ja, ja .
A lo mejor si te miras a un espejo ENCUENTRAS LA RESPUESTA.
Besitos
19 de diciembre de 2007 9:46
Yo de ti me esperaría detrás de la segunda puerta, y cuando te veas salir, pregúntate que es lo que has encontrado para ahorrarte no tener que entrar e ir directamente a la tercera. (Un consejo: si pensáis que es imposible hacerlo, ya no lo podréis hacer...)
19 de diciembre de 2007 19:07
Bueno. Aun quedan dos puertas.
Un abrazo.
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